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América Latina afronta un 2026 decisivo con un calendario electoral – Ojo critico

  • abril 7, 2026
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América Latina afronta un 2026 decisivo con un calendario electoral que involucra al 47% de su población, en un escenario donde la figura de Donald Trump actúa como

América Latina afronta un 2026 decisivo con un calendario electoral

 – Ojo critico

América Latina afronta un 2026 decisivo con un calendario electoral que involucra al 47% de su población, en un escenario donde la figura de Donald Trump actúa como principal factor de presión externa. Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente estadounidense recuperó una atención hacia el hemisferio sur que no se había visto desde la Guerra Fría, aplicando una estrategia de acomodación forzada y subyugación política. En consecuencia, naciones como Perú, Colombia y Brasil deben navegar entre sus crisis internas y la asertividad de una Casa Blanca que no duda en intervenir explícitamente en los procesos democráticos vecinos. Esta dinámica obliga a candidatos de todo el espectro a diseñar planes de gobierno que eviten altos costos económicos o diplomáticos frente al poder hegemónico del Norte.

La influencia de Washington se manifiesta a través de lo que expertos como Farid Kahhat llaman «chantaje flagrante» a los votantes, utilizando las remesas y la ayuda financiera como herramientas para el cambio. Trump ya ha demostrado su capacidad para inclinar la balanza en Argentina y Honduras, donde condicionó el apoyo económico y la estabilidad migratoria al triunfo de sus aliados ideológicos. Asimismo, el presidente estadounidense sigue de cerca la campaña en Colombia, donde la polarización entre el senador Iván Cepeda y la uribista Paloma Valencia está alimentando el debate público. Por eso, el electorado hispano hoy percibe que su voto no sólo define el rumbo local, sino también el grado de hostilidad o cooperación que recibirá por parte del Despacho Oval en los próximos cuatro años.

América Latina afronta un 2026 decisivo con un calendario electoral / Hay tantos candidatos en Perú que los debates televisados ​​hay que dividirlos en tres días con 11 o 12 participantes cada uno.
Ernesto Benavides/AFP vía Getty Images

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En el gigante sudamericano, el presidente Lula da Silva busca la reelección en octubre en medio de un clima de tensión reprimida con Washington, confiando en la solidez de la economía brasileña y su liderazgo dentro del bloque BRICS. A diferencia de sus vecinos más dependientes, Brasil tiene una mayor capacidad para resistir la presión directa, aunque Trump ya ha expresado su abierto apoyo a las fuerzas de Bolsonaro que intentan recuperar el poder. Asimismo, en Colombia, el gobierno de Gustavo Petro intenta equilibrar su retórica de izquierda con la histórica dependencia de la seguridad y la lucha contra el narcotráfico que mantiene con Estados Unidos. Por otro lado, la disputa geopolítica entre Washington y Beijing recorre silenciosamente la campaña peruana, convirtiendo al país andino en un campo de pruebas para la hegemonía estadounidense en el Pacífico.

Además de la presión diplomática, la región está experimentando un aumento del «modelo Bukele» en respuesta a la creciente inseguridad y la expansión del crimen organizado transfronterizo. Los candidatos que proponen políticas duras y control territorial están ganando terreno incluso en democracias tradicionalmente estables como Chile y Costa Rica, donde el crimen se ha convertido en el eje central de la agenda. Cuentas verificadas de organismos de vigilancia electoral y analistas de redes sociales advierten que, si bien los castigos severos no siempre resuelven el problema subyacente, garantizan un apoyo masivo en las encuestas. De manera similar, la erosión del sistema de partidos tradicional abre la puerta a figuras antisistema que capitalizan el descontento social y la fatiga de los votantes contra las elites dominantes.

América Latina afronta un 2026 decisivo con un calendario electoral

Temas de interés:

Finalmente, el ciclo electoral de 2026 pondrá a prueba la resistencia del péndulo político latinoamericano y la capacidad de los gobiernos para mantener su autonomía frente al ultimátum de Trump. A medida que ciudadanos desde México hasta Argentina se adaptan a esta renovada amenaza de intervención, la viabilidad de los candidatos depende ahora de un pragmatismo extremo que equilibre la soberanía nacional con la realidad económica. De esta manera, América Latina está tratando de reestructurar su lugar en el escenario mundial en medio de una fragmentación política sin precedentes y una crisis de legitimidad institucional. La resolución de estas elecciones determinará si la región avanza hacia una integración más sólida o si sucumbe a la fragmentación impuesta por los intereses de las superpotencias. El futuro democrático del hemisferio se escribe hoy bajo una supervisión externa que no permite la neutralidad.