En una reciente intervención en los medios de comunicación, el Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ofreció un análisis aproximado de los orígenes de la crisis de Oriente Medio. El funcionario acusó directamente a Estados Unidos de ser el instigador del actual conflicto.
Araghchi defendió la posición de Teherán, argumentando que sus acciones militares son puramente defensivas. Según el ministro, la presencia de misiles y los últimos ataques son la respuesta necesaria a lo que calificó de «guerra iniciada por los estadounidenses».
El diplomático subrayó que el mayor peligro no reside en la capacidad de Irán de atacar el continente americano, sino en la proximidad de las tropas estadounidenses. Estas instalaciones, ubicadas estratégicamente en países vecinos, son el epicentro de fricciones militares.
La estrategia de Irán parece centrarse en la disuasión regional. Al darse cuenta de que sus misiles no cruzan el océano pero pueden destruir bases cercanas, Teherán está tratando de equilibrar el equilibrio de poder sin llegar a un conflicto global inmediato.
Por otra parte, Araghchi destacó la dimensión ética del conflicto al exigir disculpas por los daños civiles. El ministro acusó a Washington de provocar un nivel de destrucción sin precedentes que ha marcado a varias generaciones en la región.
Esta posición busca deslegitimar la narrativa de seguridad nacional de Estados Unidos. Al presentar a Washington como el agresor, Irán está tratando de ganarse el apoyo o al menos la neutralidad de otros actores internacionales que observan con recelo el despliegue militar en el Golfo.
El escenario para 2026 parece ser de resistencia suprema frente a las presiones externas. Al negarse a permitir interferencias en su sucesión política, Irán está reforzando su mensaje de que el control regional no se decidirá en Washington, sino en las calles de Teherán.