Andrea Galíndez, Emmanuel Fernando Ruano Galíndez y el maestro Fernando Ruano para quien su principal motor es su familia.
La madrugada del 6 de enero no fue amable. La lluvia caía fuerte y, mientras muchos buscaban refugio, Óscar Fernando Ruano miraba su carroza con silenciosa preocupación: que el agua deshaciera semanas, meses, años de trabajo. El Indomablela obra que acabaría ganando el Carnaval de Blancos y Negros, estaba ahí, expuesta, viva, vulnerable. Como él.
Ruano no estaba allí arriba, celebrando antes de tiempo. Estaba abajo, delante del coche, casi fusionado con él. Moreno, de mirada intensa, facciones firmes, pañuelos coloridos y extensiones en las orejas, se camuflaba entre profesores, artistas y el público. Para muchos, uno más. Para Carnival, un creador con más de 20 años de historia, empírico por convicción y maestro por destino.
Desde las nueve de la mañana hasta las dos o tres de la mañana siguiente, el taller no durmió. Siempre falta algo: una pintura, un engranaje, un mínimo detalle que decide el todo. Ruano aprendió a gestionar la pausa, la calma en medio del caos. Se ríe, mira y ya está pensando en la próxima historia que contará.
El Indomable No nació por casualidad. Fue una idea construida hace más de siete años, un presagio que se dijo a sí mismo: “con esto vamos a ganar”. Y ganó. No sólo el premio, sino el reconocimiento a quien detiene la carroza con los pies en un camino duro e inclinado que exige cuerpo y alma.
Óscar se gana la vida reparando motos, pero el Carnaval es su escuela permanente. Allí forma a niños y jóvenes en modelado y tallado en poliestireno, cuidando una tradición que no se negocia. Trabaja con su esposa, orgullosa, sobre su hombro. Tiene una hija, un hijo pequeño y dos nietas. Colecciona trofeos, no por vanidad, sino como recuerdo.
Detrás El Indomable Hay un hombre sencillo, incansable, excepcional. De esos que lo sacrifican todo porque saben que la mejor recompensa siempre será el amor a su tierra y a una fiesta que les hace eternos.