El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su administración ha iniciado contactos con Irán para avanzar hacia una «solución completa» del conflicto en Medio Oriente. Según él, estos esfuerzos habrÃan influido en su decisión de posponer los ataques a las infraestructuras energéticas iranÃes, anteriormente amenazadas con represalias si no se garantizaba la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz.
Pero desde Irán la versión es diferente. El Ministerio de Asuntos Exteriores negó que haya conversaciones formales con Washington. Según fuentes oficiales citadas por medios estadounidenses, lo único que ha ocurrido es la recepción de propuestas indirectas enviadas por EE.UU. a través de intermediarios, que aún están en evaluación.
Este contraste de versiones refleja la fragilidad del momento diplomático. Mientras la Casa Blanca intenta proyectar avances hacia una posible desescalada, Teherán se mantiene cauteloso y evita confirmar cualquier estrategia oficial. Los analistas señalan que este tipo de comunicación indirecta suele ser el primer paso antes de negociaciones más estructuradas, pero no garantizan resultados inmediatos.
El trasfondo de la tensión sigue siendo el control y la seguridad del Estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio mundial de petróleo. La advertencia de Trump, que dio un plazo de 48 horas para reabrir «sin amenazas», añade presión al escenario. La posibilidad de un ataque a las instalaciones energéticas iranÃes no sólo intensificarÃa el conflicto regional, sino que también podrÃa tener repercusiones económicas globales.
En este contexto, la situación sigue siendo incierta: Estados Unidos sugiere avances diplomáticos, mientras Irán insiste en que aún no hay negociaciones reales. La diferencia entre ambas posiciones deja claro que, más allá de las palabras, cualquier solución al conflicto sigue siendo frágil y dependerá de medidas concretas que aún no se han materializado.